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VIOLENCIA FILIO-PARENTAL

¿Qué es la violencia filio-parental?

Las conductas de violencia intrafamiliar, y más concretamente el maltrato de los hijos e hijas hacia sus progenitores o cuidadores asociado al consumo de drogas, motivan algunas de las llamadas a nuestro Servicio de Orientación Familiar. Por ello, cabe preguntarse: ¿Qué es la violencia filio-parental (VFP)?; ¿Cuáles son las conductas más comunes en la VFP?; ¿Es “normal” o justificable la VFP?, ¿Qué puedo hacer si mi hija o hijo empieza a tener un comportamiento violento? 

 

La violencia filio parental es aquella donde el hijo o hija actúa de forma intencional y conscientemente, con el deseo de causar daño, perjuicio y/o sufrimiento en sus progenitores, de forma reiterada y a lo largo del tiempo” (Aroca, 2010). La VFP crece de forma progresiva: habitualmente se inicia a través de insultos y descalificaciones, pasa a amenazas y ruptura de objetos, y finaliza con agresiones físicas cada vez más severas. Es un tipo de violencia sin un fin temporal predeterminado y su principal objetivo es el control, poder y dominio sobre sus madres o padres.

Estos adolescentes y jóvenes buscan causar daño a sus madres y/o padres o figuras cuidadoras a través de diferentes formas de malos tratos: psicológicos (verbal, no verbal y emocional), como insultar, humillar, golpear objetos como paredes o puertas, amenazar, mentir, etc., físicos como golpear, empujar, o lanzar objetos a los progenitores, y económicos como robar o forzar a pagar deudas económicas de los hijos. Estos malos tratos pueden producirse de forma conjunta o separada.

Estas conductas de violencia en adolescentes y jóvenes no deben ser entendidas como comportamientos “normales”, “propios de la edad” o justificables como parte de su desarrollo y crecimiento. 

 

Factores de Riesgo de la VFP

Factores de Protección de la VFP

Factores Individuales

·        Baja capacidad empática, alta impulsividad, baja tolerancia a la frustración, baja autoestima.

·        Sintomatología depresiva, sentimiento de soledad, malestar psicológico, baja satisfacción vital, dificultad para expresar emociones y/o interactuar emocionalmente.

·        Consumo de sustancias.

·         Escasez o pobreza en los vínculos de amistad, relación con grupos con problemáticas similares de adaptación social.

·        Criterios de conducta orientados hacia el respeto (a sí mismo y a los demás), la responsabilidad, la autoconfianza y el autocontrol, la autonomía, la toma de decisiones y la capacidad de prevención y solución de conflictos.

·        Valores orientados a la empatía, la convivencia, al diálogo y a la participación social.

·        Capacidad para percibir, expresar y regular los propios sentimientos.

·        Hábitos positivos hacia la salud (descanso, alimentación, higiene, deporte,…).

Factores Sociales (familiares, escolares, comunitarios)

·        Estilos educativos: permisivo-liberal, autoritario-violento, negligente-ausente.

·        Presencia de conflictos parentales frecuentes e intensos; baja cohesión afectiva familiar.

·        Existencia de violencia entre los progenitores.

·        Ausencia de normas y límites claros.

·        Reducción de la distancia jerárquica entre padres e hijos.

·        Cambios en los modelos de familia; disminución en los tiempos para la crianza; aumento de las familias con un único hijo o hija; sociedad basada en la recompensa y menos en la disciplina.

·        Bajo rendimiento escolar; dificultades de aprendizaje; absentismo escolar; dificultades de adaptación.

·        Existencia de valores sociales violentos en las sociedades actuales; búsqueda del éxito fácil; exposición a la violencia en los medios de comunicación; permisividad sobre comportamientos inaceptables.

·        Estilo educativo democrático que potencia la motivación, la iniciativa, la autonomía, el autoconcepto, la prosociabilidad,…

·        Clima de afectividad familiar potenciador de la comunicación asertiva (basada en el respeto de las opiniones propias y de los demás) y de la expresión de sentimientos.

·        Cariño y afecto incondicionales.

·        Sistema de normas y límites coherentes, consistentes y adecuados a la edad y madurez de hijas e hijos.

·        Clima escolar positivo favorecedor de la integración, del sentimiento de pertenencia, del trabajo en equipo y de la motivación.

·        Regulación de los horarios de emisión de programas televisivos con contenidos de carácter violento.

·        Desarrollo de campañas de prevención y de detección temprana de las VFP.

 

 

¿Qué puedo hacer si mi hijo/a empieza a tener un comportamiento violento?

1.   Reflexionar sobre nuestro modelo de comportamiento. Madres y padres somos modelos de referencia y nuestra forma de manejar los conflictos va a ser aprendida y muy probablemente repetida por nuestros hijos e hijas.

2.   Hablar sobre su estado emocional. En la infancia y la adolescencia, la tristeza en ocasiones se manifiesta en forma de ira, por lo que va a ser muy importante que nos interesemos por sus sentimientos y emociones.

3.   Empatizar con sus preocupaciones e intereses, aunque nos parezcan irrelevantes.

4.  Adoptar una actitud de amor incondicional. La imposición de límites en el comportamiento del menor no debe ser un impedimento para la demostración de afecto.

5.   Establecer consecuencias a sus actos: si nuestra hija o hijo no está acostumbrado a que le pongan límites, y de pronto se empiezan a establecer consecuencias ante el incumplimiento de normas, lo más probable es que su agresividad aumente debido a una baja tolerancia a la frustración. 

6.   Establecer pequeñas metas de cambio fácilmente alcanzables en un primer momento, e ir aumentando el nivel de exigencia de forma progresiva.

7.   Hablar sobre ello con alguien de confianza. Los casos de violencia filio-parental son a menudo un “secreto familiar”. No has de sentirte fracasado o avergonzado por ello, ya que ni eres tú la única persona responsable, ni tienes por qué saber qué es lo que debes hacer para que la situación cambie. 

8.   Pedir ayuda profesional si detectamos que existe cualquier tipo de violencia dentro de la familia. Ante conductas violentas no episódicas de nuestros hijos o hijas es muy importante pedir ayuda profesional, no solo para que nos ayude en la dinámica familiar, sino también para descartar o detectar algún tipo de trastorno psicopatológico o consumo de drogas, que en ocasiones van asociados a este tipo de comportamiento violento.

 

Si en tu familia existe algún problema de violencia filio-parental o si tu hija o hijo consume alguna sustancia, puedes solicitar ayuda en el Servicio telefónico gratuito de Orientación Familiar: 900 16 15 15. En este servicio orientamos y asesoramos sobre estrategias psicoeducativas de actuación familiar para la prevención y gestión de estas situaciones.

  



 

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