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8 COSAS QUE NO HAY QUE HACER SI QUEREMOS ANIMAR A UN FAMILIAR PARA QUE INICIE TRATAMIENTO (Parte I: En busca del culpable)

Cuando una persona se entera de que un familiar o ser amado es adicto/a a una sustancia, es normal que se experimenten toda una serie de sensaciones desbordadas difíciles de manejar  (ansiedad, culpabilidad, tristeza, estrés, angustia, desconcierto, sorpresa, ira, confusión, impotencia) y que aparezcan cientos de dudas del tipo: “qué puedo hacer”, “qué no debo hacer”, “cómo ayudar”, “qué actitud tener”, “cuánto debo implicarme”, “se lo digo o no a sus padres”, “dónde acudir”, etc. 

Antes de nada, decir que no es fácil  lidiar con un problema de estos en casa, y que “uno no es experto” en el tema, por lo que hace “lo que según a su juicio considera que mejor sirve para AYUDAR”, siempre con la mejor de las intenciones y con el deseo “de que el otro deje las drogas”. Decir también que NO EXISTEN FÓRMULAS MÁGICAS para conseguir que alguien se ponga en tratamiento, lo que sí existen son estrategias que aumentan la probabilidad de que la persona afectada inicie  tratamiento (y lo veremos en próximas píldoras informativas).

En ésta, en cambio, enumeraremos 4 (de los 8) errores más comunes que cometen familiares/allegados de la persona consumidora en su intención de “querer ayudar”.

 

1. Culpabilizar al afectado, castigarle

Es entendible que la “rabia” al descubrir que nos han mentido y la desconfianza a partir del momento en que el problema sale a la luz se adueñe de nosotros, también lo es sentir malestar y en consecuencia emitir un veredicto de culpabilidad sobre el familiar que consume drogas. No obstante, los reproches, insultos y dedos acusadores no sólo no ayudan a solucionar el problema sino que lo empeoran, ya que el afectado se siente mal (avergonzado, presionado, agobiado) y puede que reaccione con agresividad para “defenderse” de las acusaciones, o puede esconder la cabeza y quedar “paralizado” sin saber qué hacer, o desaparecer de casa porque siente que es un estorbo… y no olvidemos que lo que pretendemos es que entienda que tiene un problema y que debe ponerse en tratamiento.

No hay “culpables” cuando hablamos de una enfermedad como la adicción. Lo que sí hay son problemas reales de los que uno tiene que hacerse cargo y buscar soluciones.

 

2. Culpabilizarse a sí mismo

Padres, madres, hermanos, parejas… las personas cercanas al afectado en algún momento del proceso se preguntan “en qué han fallado” o “qué han hecho mal” para que su hijo/a (novio/a, hermano/a, etc.) sea un drogadicto. No entienden cómo no se han dado cuenta y rebuscan en la historia personal  el dónde se han equivocado en la relación con él/ella, se reprochan haber sido demasiado blandos (o demasiado duros), no haberle dedicado el suficiente tiempo (o haberlo controlado demasiado).

Este pensamiento genera un sentimiento de ansiedad y culpabilidad que impide entender que el objetivo es buscar solución al problema y dejar de rascar en el pasado. Otra opción también muy común es que la persona consumidora “vomite” su rabia sobre los más cercanos y les eche a ellos la culpa de su adicción. Importante recordar que ES SU PROBLEMA Y DEBEN HACERSE CARGO DE BUSCAR (Y APLICAR) UNA SOLUCIÓN.

 

3. Culpabilizar a “sus amistades” de su consumo (y a “los que le pasan la droga”) y des-responsabilizarlo de su adicción

“Cambió cuando empezó a juntarse con una gente que se droga, y claro, ahora ella también lo hace, pero antes era una chica encantadora, de verdad, sacaba buenas notas, obedecía…” Cuando uno oye afirmaciones como éstas, siempre salta una pregunta: ¿en serio que el “click” de Dr. Jeckyl a Mr. Hyde se hizo ‘al juntarse con esa gente’?

Normalmente los cambios de conducta son progresivos, poco a poco se dejan atrás hábitos y rutinas y se van introduciendo otros nuevos. Son un conjunto de “pruebas conductuales” que nos indican que hay una transformación, y que se debe reaccionar ante ellas si ese cambio incluye conductas problemáticas como por ejemplo consumir drogas.

Es cierto que un círculo de amigos consumidores es un ‘factor de riesgo’ (ver píldora: LOS FACTORES DE PROTECCIÓN ASOCIADOS AL CONSUMO DE DROGAS (I PARTE)), pero también lo es la ausencia de comunicación en la familia, la falta de normas y límites, etc. La familia debe asumir que debe introducir una serie de cambios en la relación con el afectado, debe entender que hay cosas que tal vez no se pueden prohibir (no quiero que vea a tales personas, o que salga con tal chico) y otras que sí (no quiero que fume porros en casa). Puede que esas amistades facilitaran el inicio y el mantenimiento del consumo, pero es responsabilidad del afectado (con la ayuda familiar) hacer que eso cambie.

 

4. Culpar a los profesionales de los recursos de tratamiento porque el familiar “no deja las drogas”

Dejar de consumir drogas es un proceso largo, que necesita esfuerzo, motivación y constancia. El afectado que se pone en tratamiento debe lidiar día a día, minuto a minuto con su “antigua” forma de vida, con sus deseos de consumir, con sus amistades que mantienen ese estilo de vida que él intenta cambiar, etc., son muchas tentaciones y muchos cambios. Es usual que haya alguna recaída, que en algún momento se desee tirar la toalla, que se pierda la motivación y la ilusión.

Los profesionales que atienden los servicios de tratamiento AYUDAN al afectado en SU decisión de abandonar el consumo. Es importantísimo entender que NO DEPENDE DE ELLOS que el afectado deje de consumir, no es su responsabilidad. Ellos dan pautas, orientan, asesoran, le acompañan en el camino que él ha decidido seguir, etc. pero al final el esfuerzo, la motivación y la responsabilidad de abandonar el consumo es TERRITORIO EXCLUSIVO DEL AFECTADO.

Una característica común de las drogodependencias es la tendencia del afectado a responsabilizar/culpabilizar a algún elemento externo a él (la familia, los amigos, el trabajo, un divorcio, la pareja, los profesionales del servicio, etc.) tanto de su consumo como de su no abandono; “es que en ese recurso me atienden cada 15 días, no me basta para nada, por eso sigo consumiendo”, o “mi hijo acude a tratamiento ambulatorio en ese centro, pero no le sirve para nada porque luego sale a la calle y consume otra vez”… No es que el servicio “sirva o no sirva”, aquí habría que cuestionarse el nivel de motivación del paciente, ya que, insistimos, él es el que experimentará en sus propias carnes la ansiedad por consumir, los deseos por “pegarse una buena fiesta” y deberá lidiar con todo ello.

 

¿Quieres conocer las siguientes 4 actitudes a la desesperada?: Accede a 8 COSAS QUE NO HAY QUE HACER SI QUEREMOS ANIMAR A UN FAMILIAR PARA QUE INICIE TRATAMIENTO (PARTE II: ACTITUDES A LA DESESPERADA)

 

2 comentarios

  • Enlace al Comentario Alba publicado por Alba Martes, 19 Abril 2016 12:13

    Buenos días Pepito Cardona,
    esta píldora era tan extensa que decidimos dividirla en dos partes: "8 COSAS QUE NO HAY QUE HACER SI QUEREMOS ANIMAR A UN FAMILIAR PARA QUE INICIE TRATAMIENTO (Parte I: En busca del culpable)" y "8 COSAS...(Parte II: Actitudes a la desesperada)". Te animo a que leas también la pídora de la segunda parte, pues en ella encontrarás los otros 4 factores que echabas en falta.
    Muchas gracias por leer y comentar el post,
    un saludo

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  • Enlace al Comentario PePito Cardona publicado por PePito Cardona Domingo, 27 Marzo 2016 06:33

    Hay solo 4 menuda Estafa

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